Entrevista a Sandra Chaher, presidenta de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad

Entrevista a Sandra Chaher
Julio 2018

Sandra Chaher es Periodista y Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, con especialización en género y derecho. Es presidenta de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad y directora del “Diploma de Comunicación, Género y Derechos Humanos” que es dictado por la Asociación. También integra la Red de Personas Expertas de América latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y es coordinadora para América Latina de la Alianza Global en Medios de Comunicación y Género (GAMAG)
 
 

¿Qué diagnóstico podrías brindarnos respecto a la situación actual de las redes sociales en relación con los hechos de violencia de género que pueden vislumbrarse?

Mi perspectiva de trabajo siempre es que la construcción simbólica tiene un efecto sobre los hechos materiales en general, es decir, en todos los aspectos y no solamente en violencia de género. En este sentido, las redes sociales no quedan afuera. Lo que me parece que es diferente de las redes sociales en relación con los medios masivos de comunicación, es que en las primeras hay un nivel de virulencia y de violencia mucho mayor, y al habilitar relaciones personales entre las personas que forman parte de las mismas, también esto da lugar a posibles situaciones de abuso o acoso. La diferencia fundamental es que, en los medios, aún con un montón de faltas de cuidado y de malas prácticas periodísticas, mínimamente, tratan de respetar algún tipo de formalidad en la comunicación y esto evita sobre todo situaciones explícitas de violencia en la mayoría de los casos, aunque no siempre; además no se produce una relación interpersonal porque se trata de un medio de comunicación emitiendo un mensaje. En el caso de las redes sociales son ciudadanas y ciudadanos, personas que interactúan y donde ésta interacción muchas veces se da bajo nombres falsos o identidades opacas que permiten niveles de virulencia, de acoso y violencia más altos. Esto se potencia en las redes sociales en sociedades donde estructuralmente la violencia de lo masculino hacia lo femenino es parte de la construcción habitual.

Actualmente, ¿cómo se está evidenciando la presencia de mujeres en las redes sociales? 

Sobre este interrogante, me remitiría a lo conversado anteriormente, en relación a una profundización de la violencia. Sin embargo, si vemos, por ejemplo, los resultados del informe “Proyecto de Monitoreo Global de Medios” que cada 5 años genera la Asociación Mundial de la Comunicación Cristiana (WACC) vemos que la presencia de la mujer en redes sociales, específicamente en Twitter, es en igual porcentaje que en medios tradicionales: de un 24% nada más. Es decir, en cuanto a visibilización y no específicamente a la violencia, las mujeres aparecerían en cantidades similares tanto en redes sociales como en los medios tradicionales. Internet, y no solamente las redes sociales, no nos ha aportado hasta la fecha en una mayor visibilización de las mujeres en los espacios de noticias digitales tradicionales. Sin embargo, creo que sí han aportado a la democratización de la comunicación en relación a la posibilidad para las mujeres de crear sus propios espacios de comunicación (blogs, agencias, fan pages, etc), es decir: sí ha sido positiva Internet en relación a la construcción de una comunicación feminista, en gran parte por los bajos costos del soporte. 

¿Tiene más legitimidad la voz de la mujer en Internet a la hora de la toma de decisiones?

Me parece que hay que separar porque Internet no solamente son las redes sociales. En este sentido, y retomando lo que decía antes, le veo a Internet un aspecto muy positivo tanto para la expresión del movimiento de mujeres en general como para el periodismo, y específicamente el periodismo feminista. Está comprobado que a partir de la aparición de Internet las mujeres, como movimiento, han ocupado la red. Primero, lo hicieron a través de listas de correos electrónicos y luego a través de blogs, los cuales fueron reemplazados poco a poco por las redes sociales. Así, el movimiento de las mujeres y el feminismo ocuparon Internet. Acá surge otra cuestión, que es el periodismo feminista trasladado a Internet. Si vemos las agencias de género - aquellas agencias de noticias digitales que surgieron a fines de los años 90 y que abordan la agenda de género - la mayoría se encuentran en formato digital. Esto se debe fundamentalmente a un tema de costos, porque es mucho menos costoso que el formato papel, pero también, al tener una llegada global, les permiten ser leídas en cualquier lugar del mundo. Me parece que acá hay una cuestión interesante. Hay un estudio de Sembra Media que dice que hay un alto porcentaje de mujeres emprendedoras en medios de comunicación digital, incluso más allá de que sean medios de comunicación feminista. Es decir, la mujer ocupó Internet y tomó la voz que la red le ofrecía. Lo mismo ocurrió en las redes sociales. Si esto es más o menos legítimo, tiene que ver con quién escucha esa voz. La legitimidad no tiene que ver solamente con que uno ocupe los espacios sino con la mirada que tienen las otras personas hacia una y en eso comienzan a jugar otras variables. Pero la ocupación del espacio, sin duda, está dada.

¿Las marcas han cambiado sus conceptos en las campañas publicitarias? ¿O continúan repitiéndose en los estereotipos largamente construidos?

No me animo a dar una opinión a nivel global, pero en los últimos años en Argentina sí está habiendo una modificación en las agencias de publicidad y en las empresas en relación a los estereotipos de género. Sabemos que la publicidad es el ámbito más reacio a la modificación de estereotipos, porque además éstos son un aspecto central en la construcción del lenguaje publicitario. También hay otro elemento del ámbito publicitario muy importante: es un ambiente muy masculino. Si las mujeres llegamos poco a los ámbitos directivos de las empresas periodísticas, en las agencias de publicidad esto es peor aún. Si bien todavía no hay mediciones hechas, vamos a hacer este año una investigación sobre el tema y ahí esperamos tener datos de Argentina. A nivel global, no hay datos de cuántas personas están en los ámbitos directivos, o cómo es la división de tareas, porque otro aspecto es que, en general, las áreas creativas de las agencias son las más masculinizadas. Aun así creo que efectivamente las marcas fueron cambiando. En el año 2016 hicimos una investigación para una consultoría que teníamos con el gobierno de Panamá, donde relevamos qué estaba pasando en Argentina a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y del abordaje que la Ley hace en relación con políticas blandas y duras, es decir, con sanciones económicas. En esa investigación nos dimos cuenta que a partir de la existencia de sanciones económicas sobre los contenidos publicitarios, las empresas habían empezado a cuidarse un poco más. Esto también se ve en cómo los estereotipos se van modificando, y cómo hay campañas que cada vez más abordan los temas de diversidad.

Recientemente estuvo circulando una nota de Publicitarias.org, en relación al Día Internacional de la Mujer, donde muestran empresas que generaron mensajes distintos con vistas al 8 de marzo. En los mismos no solamente incitan a la compra, teniendo en cuenta que esta fecha siempre funcionó como un día para vender productos. Publicitarias.org es un grupo de mujeres que vienen del ámbito publicitario y buscan develar el sexismo en el ámbito publicitario y generar prácticas diferentes, entre otros cambios. Me parece que es una muestra de que algo se está moviendo en el área de publicidad. Si lo comparamos con los medios masivos, nosotras como periodistas empezamos a trabajar estos temas hace 15 ó 20 años. Pensemos, por ejemplo, que la Red Par es la primera red de periodistas con perspectiva de género en Argentina, que se fundó en el 2006. Nuestra primera ONG, Artemisa, que dirigíamos antes de Comunicación para la Igualdad, empezó en el 2005 dentro del periodismo. Este proceso de mirada crítica hacia los contenidos desde un punto de vista de género empezó antes, pero me parece que la publicidad está empezando a sumarse a esto. Yo he ido el año pasado a algunas actividades de Publicitarias.org y van muchas mujeres que trabajan en la industria publicitaria que no están contentas con la forma de trabajo o quienes están modificando prácticas desde adentro. Esto es reflejo de que algo claramente se está moviendo.

¿Se debería establecer un marco regulatorio para evaluar qué se puede decir y qué no en Internet en general y en las redes sociales en particular? ¿Es tarea de la sociedad legitimar o deslegitimizar estas opiniones? ¿Es válida la libertad de expresión a cualquier costo? 

El tema de la regulación tanto de Internet como de medios masivos siempre es polémico. Desde mi punto de vista, tenemos que empezar a profundizar el debate del derecho a la igualdad, y no solamente el del derecho a la libertad de expresión. Es decir, si tomamos el marco de derechos humanos, ambos tienen el mismo peso porque son fundamentales. El primero tiene que ver con la no discriminación. En última instancia, tendría que prevalecer el derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, considero que el debate sobre este derecho no está profundizado lo suficiente ni en nuestra sociedad ni en América Latina en particular, donde tenemos una experiencia de gobiernos dictatoriales que coartaron cualquier posibilidad de expresarse libremente. Me parece que a partir de esa historia real, a la que nadie quiere volver, las empresas de medios de alguna manera se amparan en la excusa de que la libertad de expresión no puede ser de ninguna manera coartada ni limitada y no quieren discutir contenidos. Creo que acá lo que hay que debatir es que los derechos vulnerados, no solamente en situaciones relacionadas con discriminación por género y sexo, sino también por muchos otros motivos, están afectando derechos protegidos por tratados regionales e internacionales de derechos humanos a los que cada uno de nuestros países suscribió. Entonces no se pueden vulnerar esos derechos en nombre de la libertad de expresión. Este sería el debate teórico. Desde mi punto de vista, si nos acercamos a un aspecto regulatorio, hay que llevar adelante políticas duras, como las sanciones económicas, y administrativas, nunca penales, y políticas blandas, que tienen que ver más con sensibilización y capacitación. En el caso de las blandas tienen que ser muy amplias, ya que como se intenta cambiar patrones estructurales de conductas, los Estados tienen que contar con muchos recursos humanos y económicos puestos al servicio de las sensibilizaciones y capacitaciones para modificar estas prácticas. Con respecto a las sanciones económicas, no me parecen negativas, siempre a posteriori y nunca censura previa, lo cual no está permitido por la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Lo que nadie desea es que nos priven de ver o escuchar algún discurso. Me parece que las sanciones económicas tienen un efecto simbólico, que no es de desmerecer, sobre todo porque se trata de empresas a las cuales les importan las multas económicas en tanto afectan su nivel de ganancia. Por ello me parece que es un aspecto importante.

En relación con el debate teórico, las posiciones más garantistas destacan que no se debería prohibir ningún tipo de discurso y ni siquiera se debería tratar de avanzar con sanciones económicas, sino que tenemos que tolerar todo tipo de discursos e incluso tienen que haber aún más de ellos. A mí esto me parece bien siempre y cuando se tenga una política desde el Estado de fomento de esa diversidad y pluralidad de discursos, algo que en general no ocurre. Es decir, hay más bien políticas estatales “no activas” en relación a los contenidos de los medios y no hay, por ejemplo, políticas para cupo por producciones que tengan que ver con fomento a la igualdad de género, ni para empresas que tengan paridad de género en sus altos cargos o incluso en el staff. Entonces me parece que estaría bien promover, eventualmente, una diversidad total de discursos pero con una política activa de fomento.

¿Es posible pensar nuevas maneras de comunicar, de construir el concepto de mujer desde una perspectiva transversal de género? 

Sí, no tengo ninguna duda de que es posible y además he visto los cambios. En eso trabajo desde hace más de 15 años. El punto más interesante quizás está en que no tengo dudas en que se puede comunicar de una manera diferente y seguir ganando dinero, entendiendo que no perder la posibilidad de lucro es lo que más preocupa tanto a las empresas periodísticas como a las de publicidad. Siendo la ganancia la finalidad de las empresas, en general, yo creo que de ninguna manera ésta estaría afectada por una modificación en la comunicación. También es necesario sensibilizar a la ciudadanía, para que lo que la misma espere de sus medios de comunicación, ya sea masivos, redes sociales, publicidad, periodismo o entretenimientos, sea algo mejor que objetivación sexual, la discriminación y la violencia. Pero no tengo ninguna duda que éste es un camino posible. De hecho lo estamos viendo a partir de que, hoy en día, el feminismo es un movimiento que en vez de generar un rechazo social, como en el pasado, tiene cada vez mayor injerencia, incluso dando lugar a muchas jóvenes que se dicen con mucho orgullo feministas. A partir de eso surgen rápidamente, por ejemplo, en redes sociales, rechazos a contenidos periodísticos o publicitarios sexistas que para las empresas, desde un punto de vista comercial, es sin dudas negativo. Yo no tengo dudas en que se puede avanzar en una comunicación mejor, y que esto no afectaría la rentabilidad empresaria.

¿En qué proyectos e iniciativas formás parte este año?  

Tenemos un montón de proyectos para este año. Acabamos de presentar un libro que fue una evaluación de cómo Argentina cumplió o no con la plataforma de acción de Beijing. Ese libro ya está publicado en nuestro sitio web.

A su vez, participamos en la Comisión para la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de la ONU, donde presentamos una campaña llamada "Un Mundo Mejor" que hicimos junto con Publicitarias.org, siguiendo un documento de la OEA que se llama “Lineamientos para la Igualdad de Género como bien de la Humanidad”. Enfrenta un poco los ataques fundamentalistas que la igualdad de género viene teniendo en toda la región. Esa campaña la hemos presentado dentro de los Side Events, que son los eventos que se hacen en el edificio de ONU y en el Foro de Organizaciones de la Sociedad Civil. También la hemos presentado en la Asamblea General de la OEA, en junio del 2018.

Por otro lado, sacamos dos publicaciones en las que trabajamos todo el año anterior. Una es un monitoreo de políticas públicas de medios de comunicación de Argentina, que sería la continuación del que publicamos en el año 2016, y haremos un balance de los dos años de macrismo al frente de los organismos del Estado. 

La segunda investigación es un relevamiento de la estructura laboral de las empresas de medios de comunicación, desde un punto de vista de género, es decir, cuántas mujeres, cuántos hombres, cuántas personas trans, etc., hay en cada cargo, si tienen políticas de géneros, cómo manejan los temas de abuso y violencia, entre otras cuestiones. Esto lo llevamos a cabo junto con una organización de Córdoba que se llama Fundeps y con apoyo de la Fundación Heinreich Böll. Aún no está disponible el pdf pero sí el video de la presentación. 

Además, actualmente estamos inscribiendo a la decimoquinta cohorte de nuestro Diplomado de Comunicación Género y Derechos Humanos que dictamos desde 2011 en forma virtual con cocertificación de la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA y en el cual ya hay más de cien personas de toda América Latina que se han recibido, y hemos lanzado este año también con CIM/OEA y con el INAM una Especialización en Violencia de Género, Participación y Políticas Públicas, también virtual, en la que están participando 35 personas de toda la región.   

También vamos a sacar la tercera parte de nuestro libro de Políticas Públicas de Comunicación y Género en América Latina con 5 países más, aproximadamente en septiembre; y vamos a trabajar en una investigación, nuevamente con apoyo de la Fundación Heinreich Böll, sobre estructura laboral, pero a diferencia de la que presentamos de empresas de medios de comunicación, esta es sobre empresas de publicidad. Asimismo, seguimos con los cursos virtuales que dictamos todos los años sobre distintos temas de género.